lunes, 6 de mayo de 2013

Joder con los partidarios del centralismo

http://politica.elpais.com/politica/2013/05/03/actualidad/1367606811_475357.html

Titular: Los partidarios del centralismo se disparan en las comunidades del interior

Joder, pues menos mal que son las comunidades del interior y no el Salvaje Oeste... ¡mira que liarse a tiros!

En fin, Gran Jefe Indio (no partidario del centralismo, por cierto) de la pradera castellana llamada por rostro pálido "comunidades del interior" decir a Gran Redactor Jefe, Gran Corrector o a quien corresponda que no haber tantos tiros en dicha pradera y que mejor titular ser "Número de partidarios del centralismo dispararse en comunidades del interior". Jau.

martes, 30 de abril de 2013

Happy End

Yo siempre había querido un gatito y cuando me dieron un huevo de gatito lo cuidé y lo di calor y lo quise. Cuando salió del huevo un perrito y no un gatito, me eché a llorar. Luego caí en la cuenta. ¿Desde cuándo los mamíferos nacían de huevos? Pero ya no había nada que hacer. Ya todos nacíamos de huevos, y las vacas se suicidaban en las autopistas poniendo sus patinetes a 140 km/h, y las rosas se marchitaban a horas fijas, nadie respetaba a las manzanas y los mayores ya no olían, y ya era absolutamente imposible encontrar anacardos (aunque eso a nadie le importaba mucho, no sé por qué me he acordado de los anacardos), y bueno, ya nada se podía hacer.

Fui a ver a Carmen y le enseñé mi perrito que debía ser un gatito, y me dijo que así era la vida y que poco se podía hacer. Me ofreció anacardos para consolarme. Y yo me pregunté desde cuando Carmen me consolaba con anacardos en lugar de ofrecerme una copa y luego el dulce calor de su cama, pero ya no había nada que hacer. Carmen ya no ofrecía su cuerpo goloso a los caballeros cuitados, yo sólo podía esperar anacardos de la vida, los dioses se habían rebajado hasta el punto de presentarse a las elecciones, y ya no había autoridad en las calles, y los recuerdos se volvían amarillos y se llenaban de polillas, y el anticiclón de las Azores estaba roto, y no había nada, absolutamente nada que hacer al respecto. Salí de casa de Carmen con el perrito bajo el brazo, y me alejé hacia el horizonte.

Una cuadra antes de llegar al horizonte, me paró un guardia y me dijo que ese perro no podía llevarlo por la calle sin correa. Yo me pregunté desde cuándo había autoridad en las calles, y me eché a llorar. Entonces el guardia se compadeció, y para consolarme empezó a desabrochar los botones de la chaqueta del uniforme, y luego empezó a desabrochar los botones de la camisa del uniforme, y luego emergieron a la radiante luz del sol un par de magníficos pechos, redonditos y juguetones. Me sequé las lágrimas y le dije gracias señor guardia. Y él me preguntó si quería ir a su casa y yo dije que sí. Y me preguntó si quería una copa y el dulce calor de su cama, y yo dije ¿Carmen? Y ella contestó, sí, ya todo volverá a ser como siempre, y hasta el perrito maulló un poco para complacerme.

lunes, 25 de febrero de 2013

Discurso ante una tumba

Si las prisas, caminante
que por este pueblo pasas,
no te llevan, como suelen,
a carrera o en volandas,
frena tus pasos por dar
ocasión a tu mirada
a posarse un solo instante
en lo que éste te señala:
¡Mira pues, con atención
que no será defraudada,
algo que a primera vista
ni maravilla ni espanta!
Pon tu vista, da tus ojos
y tu atención a esta lápida
que de no advertirte yo
ni advirtieras ni miraras.
Por su hechura parecida
se camufla entre otras tantas,
su materia es una piedra
ni muy buena ni muy mala
y las letras que algún día
algún grabador grabara,
las que aquí puedes leer,
dicen poco y mucho callan.
“Don Alonso”, pues, comienzan,
cierto que no es cosa rara
que comiencen por el nombre
letras en mármol grabadas.
Si “Quijano” dicen luego,
está claro que se trata
del apellido, según
la fórmula acostumbrada.
A esto siguen unas fechas
(un poquito ya gastadas)
un lacónico Requiescat
In Pace y después ya nada.
Lo que el mármol se ha callado,
si bien el nombre declara,
es que por otro llamaron
al que en paz, dice, descansa.
Calla la piedra otras cosas
pero habrá que perdonarla
pues la piedra, ya se sabe,
de natural es callada
(que si fuera cantarina
como es en el río el agua
acaso nos contaría
muchas cosas en cascada).
¡Tantas cosas sin decir
(por pereza o ignorarlas)
se dejó aquel grabador
que si yo te las contara
a la mitad del relato
nos crecería la barba
y sin haber terminado
ya se habría vuelto blanca,
por no decir que tendría
(a la fuerza y no por ganas)
que dejar métrica y rima
a su suerte abandonadas!
¡Cuántas gratas desventuras,
cuántas amargas hazañas,
cuántas locas sensateces,
cuántas sensatas insanias!
No nos cuenta que estos huesos
sostuvieron mil batallas
ni que ganaron las más,
si la cuenta no me falla,
ni que antaño en ese cuerpo
del que queda la constancia
(poco más, según sospecho
aunque no abriré la caja)
en ese cuerpo que digo,
cuando en él vivía un alma
tanta grandeza cabía
como poca carne estaba.
Y si calló lo que fue,
no es extraño que no hablara
de lo que un día faltó
y desde entonces nos falta.
¡Cuántos malos sin castigo
y pobres sin esperanza,
injusticias sin remedio
y viudas desamparadas!
Desde que falta aquel brazo
poderoso que amparaba
a los débiles y buenos
por las buenas o las malas,
el pez grande come al chico
(si se admite la metáfora)
y con fuerzas desiguales
cada cual se las apaña:
el soberbio crece tanto
que supera las montañas
y el humilde, resignado,
lleva la cabeza gacha,
el honesto es un bufón
es alabado el canalla,
el honor está perdido
y la vergüenza ignorada,
la Justicia de su venda
los ojos desembaraza
para ver con qué dineros
le calibran la balanza
(aunque luego se la pone
por no ver cómo se escapa
el culpable sin castigo
y sin rubor en la cara),
la Razón es temerosa
y razones no le faltan,
que por fuerza ha de asustarse
de la Fuerza que la ataca,
la Verdad guarda silencio
y la Mentira no calla,
la Virtud está escondida
y la Maldad desatada.
¡Cómo duele comparar
esta edad con la pasada
en que un hombre aún podía
echarse el mundo a la espalda,
ser valiente, caminar
cuanto el orbe se dilata
y hacer valer su bondad
con su lanza y con su espada!
Perdone si me despierta
el recuerdo la añoranza
y me derramo en discursos
como los ojos en lágrimas
pero al pasar por aquí
y ver mi suerte enterrada
el dolor del corazón
se me sube a la garganta.
¡Mira de nuevo esas letras
tan pobres y tan escasas
leyendo no lo que muestran
sino también lo que tapan!
No nos dicen esas pocas
desangeladas palabras
ni la suerte que tuvimos
ni lo presto que se acaba,
ni que la fecha postrera
que en la piedra está trazada
falleció de pronto todo
cuanto grande hubo en España.
Pues te aseguro y es cierto
que esta tumba en sí acapara
los restos del caballero
Don Quijote de la Mancha.
Y si alguno le pregunta,
o lo duda o le reclama
dígale que lo contó
quien lo sabe, y eso basta
(y si no basta le dice,
por dejar las cosas claras,
que esta historia se la cuenta
el bueno de Sancho Panza).

viernes, 22 de febrero de 2013

Ratas

-          Malditas ratas inmundas...

Sí, somos ratas, inmundas, si usted quiere, pero victoriosas. Crueles y cobardes, quizá, pero eso no significa nada; al menos, no para nosotras. Al fin y al cabo, somos ratas.
Puede describir con espanto nuestra rutina, pero ese espanto tampoco significa nada para nosotras. El espanto es un paso previo a la muerte, y nosotras somos inmortales. Usted morirá, pero nosotras no. Por supuesto, somos animales y los individuos mueren, pero a quién importan los individuos. Nosotras, ratas indiferenciadas, no morimos. Somos un rumor, una presencia que inquieta la oscuridad, y no morimos. Al revés, nos vamos haciendo más fuertes, siempre más fuertes. La manada crece.
Somos una especie protegida. Nos protegen nuestros afilados dientes y nuestro gran número, que aumentamos constantemente copulando con eficiencia, sin los espasmos y desvaríos de otras especies.
Somos ratas sanguinarias, sí. Llega el día y volvemos a nuestras cloacas con los hocicos manchados de sangre. La oscuridad (que incluye los infinitos laberintos de las cloacas y la infinita noche) es nuestro territorio, y si alguien se extravía en él, o viene a plantarnos cara, no se encontrará con una de nosotras sino con todas nosotras. De pronto se verá rodeado por un círculo de ratas, y antes de que pueda reaccionar otro círculo rodeará al primero, y otro a éste, y así hasta donde llega la vista. Siempre somos más de las necesarias. No escatimamos en números cuando tenemos delante una futura víctima. Es lo único en lo que somos pródigas: nos gusta esa sensación de seguridad que nos permite exacerbar nuestros instintos feroces.

Los hay que llegan y plantan cara a la manada creyéndose más valientes (uno solo contra todas esas ratas) pero en realidad no son valientes. Los hay que llegan creyéndose mejor que nosotras y gritan "Sucias, asquerosas ratas". Pero no son mejores. No, no son ninguna de esas cosas. Son comida. Comida para ratas, eso son. Son regalos que nos envían esas ratas que viven más allá de las azoteas, esas que cada día matan al sol y por la noche vuelven a sus cloacas, en lo más profundo del cielo, con los hocicos manchados de crepúsculo.

lunes, 21 de enero de 2013

Estaba yo pensando...

...si Bárcenas llevaba los sobres a la sede de Génova 13... pero luego allí nadie recibía sobres...

¡Tate!

¡Me voy p'allá, que andarán por ahí tirados!

martes, 25 de diciembre de 2012

Metamorfosis


Aunque por la mañana uno debe volver a la vida de siempre, a la rutina laboral y doméstica, a la ropa, la razón y la sociedad, no deja de ser agradable pasear por los tejados bajo las estrellas, acechar a los pájaros, jugar con los ratones...

Las noches de verano y de luna llena son las más indicadas para transformarse en gato.

Dicen que todo lo que merece la pena cuesta trabajo. La metamorfosis felina no es ninguna excepción. Hace falta perseverancia; sólo con la práctica se logra perfeccionar la técnica. Quien no esté dispuesto a pasar más de una noche encerrado en su habitación, convertido en un híbrido monstruoso, mejor que no lo intente.
Sé de qué hablo. Desde que me propuse por vez primera transformarme en gato hasta que conseguí resultados aceptables, he tenido que sufrir bastantes decepciones. Me he preguntado muchas veces si merecía la pena. Sin embargo, nadie, que yo sepa, se ha arrepentido de emprender este camino.

Con la experiencia he logrado aprender unos pocos trucos. Espero que sean útiles para aquellas personas que, como usted, quieran iniciarse en este arte.
En primer lugar, para transformarse en gato es imprescindible olvidar que uno es cualquier otra cosa: ejecutivo, párroco, fiscal, lo que sea. Este es quizá el paso más difícil.
En segundo lugar, uno debe adquirir el tamaño adecuado. Naturalmente, hay dos formas de lograr esto: empequeñecerse uno mismo o agrandar el universo. Casi todos empezamos optando por lo segundo. A primera vista, parece el método más sencillo. Sin embargo, esto es un error: resulta prácticamente imposible dilatar todas las cosas en la misma proporción; suelen producirse errores de cálculo que dan lugar a mundos incongruentes. Árboles enormes, mares enanos, ciudades que abarcan galaxias: es frecuente este tipo de resultados. Para evitar tales catástrofes, conviene optar por reducir el propio volumen. No es tan difícil como parece: sólo hay que reconcentrarse, introducirse en uno mismo y replegarse. Con un poco de práctica cualquiera puede lograrlo, y los fracasos tienen consecuencias menos escandalosas.
Una vez que se ha logrado esto, hay que proceder con método, y no impacientarse. Uno debe adquirir todas las características físicas del felino: pelo, cola, almohadillas en las pezuñas, etc. No es difícil, pero a menudo sucede que uno quiere apresurarse, y se olvida de algo o yerra en los cálculos. Créame: no hay nada más lamentable que un gato incompleto o incorrecto – las patas demasiado largas, o un ojo en medio de la frente a la manera de los cíclopes son resultados habituales de una distracción.
Por último, uno debe maullar. Si los pasos anteriores se han completado con éxito, esto resulta sencillísimo. Basta abrir la boca y emitir el sonido que sale naturalmente, sin ningún esfuerzo. El maullido sirve para comprobar que la metamorfosis ha llegado a su fin. Si el resultado es satisfactorio (ojo, no basta con decir “miau”, jamás se oyó a un gato que dijera “miau”) puede salir a la calle y disfrutar su condición gatuna, o tumbarse en un sillón y lamerse tranquilamente las patitas. Si, en lugar del maullido que esperaba, oye, pongamos, un fa sostenido, no se preocupe: resígnese a pasar la noche convertido en un piano de cola... ya tendrá más ocasiones para volver a intentarlo.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Breve apunte

Sólo quería contaros, queridos e inexistentes lectores, que hoy he leído (en Internet) el enésimo (donde ene tiende a un montonazo) artículo que denuncia que todo aquello del 15M ha sido una farsa manejada por intereses oscuros. No hace falta que lo enlace, ya se lo resumo yo y así ahorran su valioso tiempo: la CIA, con la ayuda de los Illuminati, el club ese que tiene nombre de cerveza, los francmasones y, por supuesto, los malvados Sith, montaron el tinglado usando sus temibles Blackberrys para...

Atención a la frase:

...para encauzar la disidencia por caminos inofensivos para el sitema

No sé si es exactamente literal, pero casi.

Y todo ello porque, supongo (esto ya es de mi cosecha), que alguien en la CIA consideró que la disidencia en este país era algo hiperpeligroso para el sistema que hacía falta encauzar...

jojojojo
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