La primera parte es la más fácil. Seguro que ya lo has hecho. Acércate a un trabajador esclavizado por un trabajo de mierda y dile:
- Al menos tienes trabajo.
Luego viene la parte difícil. Ahora busca un parado. No, eso no es lo complicado. Al menos no en este país... Pero, una vez localizado, tienes que armarte de valor para decirle lo siguiente:
- Al menos no estás muerto.
Quizá te mande a la mierda, pero debes insistir. Dile que los muertos están bajo tierra y él (o ella) caminará bajo el sol (aunque tengas que plagiar a Rimbaud). Al final acabará reconociendo que es mejor estar vivo.
El resto ya viene rodado. Sólo tienes que acercarte a un cementerio y decir a cualquier tumba:
- ¡Al menos no estás esclavizado en un trabajo de mierda!
Si has tomado la precaución de elegir una tumba que en ese momento no esté siendo visitada por ningún familiar, no tendrás ningún problema. Los muertos son dóciles y resignados. Son silenciosos. Y, ya se sabe, el que calla otorga.
En ese momento, habrás completado el bucle de los Almenos. Puedes volver a tu casa y seguir viviendo tu vida, y podrás resignarte a no ser feliz gracias a la seguridad que acabas de adquirir de no ser infeliz.
Una maldición china dice: "¡Que vivas en tiempos interesantes!" Nos ha tocado
jueves, 25 de septiembre de 2014
martes, 29 de julio de 2014
Capilla de San Stewart Adams
San Stewart Adams Ibuprofeno
San Estuardo prodigioso,
Con sentimiento profundo
Todas las muelas del mundo
Cantan tu nombre glorioso.
viernes, 11 de julio de 2014
Luto pálido
Hojeando tus cuadernos
¡cuántas páginas en blanco!
Esperaban tus palabras
y en la espera se quedaron.
Casas son sin habitantes
o pueblos deshabitados,
sin temores ni esperanzas
ni alegrías ni embarazos;
son lugares donde callan
las risas y los enfados,
los suspiros del amante
y los ruidos de los pasos.
Son escenarios vacíos,
son solares desolados,
desnudos de dicha y pena
y desprovistos de abrazos.
Tristes páramos sin vida,
sin placeres ni trabajos,
sin dolor y sin amores,
sin calor, son hielo amargo.
Son partículas de nada,
son el tiempo que has dejado
sin vivir, tiempo que sobra,
tan pesado y tan liviano.
Aunque sigan en la rama,
hojas son de otoño estático:
sin la savia de tus versos
sólo son muerte y pasado.
¡Más les valdría caer
si ya se ha quedado el árbol
despojado de alimento
y dejado de tu mano!
Si me atreviera a arrancarlas
al menos serían pájaros
o barquitos de papel
navegando hacia el ocaso.
Intento leer en ellas
el tiempo que te robaron
el azar, la vida, el cáncer
y tus órganos cansados.
Vislumbrar siquiera intento
el mundo del otro lado,
el reverso de la vida,
el lugar al que has marchado,
y leer que estás feliz,
que el más allá es de tu agrado,
que te dan bien de comer:
ambrosía y un helado.
Las cuadrículas vacías,
su callar cuadriculado,
no se apiadan... ¡ni se inmutan!
Y todo resulta vano.
¡Ay blanco de mi tristeza
sobre ti derramo el llanto!
Que mis lágrimas te mojen
y empañen tu luto pálido.
¡cuántas páginas en blanco!
Esperaban tus palabras
y en la espera se quedaron.
Casas son sin habitantes
o pueblos deshabitados,
sin temores ni esperanzas
ni alegrías ni embarazos;
son lugares donde callan
las risas y los enfados,
los suspiros del amante
y los ruidos de los pasos.
Son escenarios vacíos,
son solares desolados,
desnudos de dicha y pena
y desprovistos de abrazos.
Tristes páramos sin vida,
sin placeres ni trabajos,
sin dolor y sin amores,
sin calor, son hielo amargo.
Son partículas de nada,
son el tiempo que has dejado
sin vivir, tiempo que sobra,
tan pesado y tan liviano.
Aunque sigan en la rama,
hojas son de otoño estático:
sin la savia de tus versos
sólo son muerte y pasado.
¡Más les valdría caer
si ya se ha quedado el árbol
despojado de alimento
y dejado de tu mano!
Si me atreviera a arrancarlas
al menos serían pájaros
o barquitos de papel
navegando hacia el ocaso.
Intento leer en ellas
el tiempo que te robaron
el azar, la vida, el cáncer
y tus órganos cansados.
Vislumbrar siquiera intento
el mundo del otro lado,
el reverso de la vida,
el lugar al que has marchado,
y leer que estás feliz,
que el más allá es de tu agrado,
que te dan bien de comer:
ambrosía y un helado.
Las cuadrículas vacías,
su callar cuadriculado,
no se apiadan... ¡ni se inmutan!
Y todo resulta vano.
¡Ay blanco de mi tristeza
sobre ti derramo el llanto!
Que mis lágrimas te mojen
y empañen tu luto pálido.
martes, 8 de julio de 2014
Tempus fugit
Anoche
soñé que despertaba y decía: “¡Qué horrible sueño! He soñado que me hacía mayor
y llegaba a tener 36 años. ¡Nada menos! Y decía cosas como: bien, me tomaré una
copa, pero sólo una, que si no me emborracho. En lugar de hacer lo que un buen
chaval de veinte años, que es lo que soy, hace en tales circunstancias, que es
rascar los bolsillos en busca de monedas preguntándose para sus adentros si
tendrá suficiente dinero para emborracharse. Soñé que hacía muchas cosas
sensatas, lo cual es una locura. Respetaba a las autoridades, obedecía casi
todas las leyes y era un miembro respetable de la sociedad. Soñé que cuidaba mi
salud, me esforzaba por conservar un puesto de trabajo, incluso que, algunas
noches, llegaba a dormir ocho horas o que, algunos días, siguiendo los consejos
de médicos y nutricionistas, comía cinco piezas de fruta y bebía dos litros de
agua. ¡De agua! Y eso no es lo peor… ¡Las nieves del tiempo, qué hijas de puta!
Plateaban mi sien. Y yo, pobre de mí, quería evitarlo, pero no fui capaz: sí,
les di la satisfacción, a esas malvadas nieves del tiempo, de cantarles un
tango. ¡Yo no quería, lo juro! Yo ahí, con la frente marchita, cantando como
Gardel pero sin su voz aterciopelada. Y las nieves del tiempo, las muy
cabronas, riéndose a carcajadas. ¡Ha sido horrible!”…
Todo
esto se lo contaba a mi novia, pero de pronto me di cuenta de que no la
conocería hasta los 28 años. Me dio mucha pena tener que esperar tanto para
conocerla, y además dejar la cuestión de nuevo al azar de esta vida azarosa.
Podría acabar con otro tipo y no me fío de todos esos tipos que insisten en no
ser yo. Cayeron copiosas lágrimas de mis tristes ojos, que fluyeron por mi
camisa, luego por mis pantalones, para luego caer en cascada al suelo, fluir
por la habitación y a continuación por el pasillo, para finalmente perderse
quién sabe por qué derroteros hasta llegar a la mar, que es el morir. Así que
decidí despertar de verdad.
“¡Vaya
sueño!” dije en voz alta. “Soñé que tenía veinte años y volvía a ser alocado e
irresponsable. Te hablaba a ti, pero no estabas y me dio tanta pena que tuve
que despertar”.
De
nuevo hablaba con mi novia, que no estaba porque se había ido a pasar unos días
en casa de sus padres, en un pueblecito de Huelva. Que es como irse a pasar
unos días al fin del mundo, sólo que en lugar de abrirse el abismo infinito un
poco más allá, está Portugal, que no es ningún abismo infinito porque dónde se
ha visto que se fabriquen toallas en un abismo infinito.
La estancia
vacía callaba ante mis confesiones (en realidad no estaba vacía del todo:
contenía aire, algo de mobiliario y tiempo, una cantidad indeterminada de
tiempo, aparte de a un servidor, claro está, único habitante de la habitación y
del tiempo contenido en ella). Bien es verdad que no le había hecho ninguna
pregunta directa, pero si lo hubiera hecho dudo mucho que el resultado hubiese sido diferente. Las habitaciones son
gente callada, cosa que se agradece sobre todo por las noches.
Desde
las sombras (que aguardaban pacientemente en las esquinas a que llegase la hora
de invadir toda la habitación) caían sobre mi cabeza, blandamente y en
silencio, pensamientos mustios. ¿Cuándo dejé de tener veinte años? El día que
cumplí 21, claro… Pero la cosa no había empezado ahí. El día que cumplí veinte
años, dejé de tener 19… y el anterior dejé de tener 18. El mismo día de mi
nacimiento había empezado esto. Nueve meses antes según la Iglesia Católica y
otros que consideran que desde la concepción ya ha comenzado uno a morir y por
lo tanto hay que dejar que uno lo haga solito, sin ayudas externas.
Nuestras
vidas son los ríos, en efecto. Con la misma loca e irreflexiva alegría se lanza
uno ladera abajo en la niñez y la juventud, no porque uno tenga prisa por
llegar a ningún lugar, sino por el puro placer de precipitarse localmente en
una insensata carrera hacia la muerte.
Maduramos (es decir, envejecemos) y nos convertimos en ríos solemnes,
anchos, aparentemente pausados. Como si nos hubiéramos dado cuenta de que todo
esto acaba en la mar que es el morir y quisiéramos detener la marcha, ya
imparable, de las aguas. Si uno se pone bizco mirando tales ríos, desaparecen
las olitas que delatan el movimiento. ¡Pura apariencia, engaño de los sentidos!
Es lo que tiene ponerse bizco. Las aguas
siguen su camino, siempre fluyen, frustrando las esperanzas del bañista que
quería volver a nadar en el mismo río, buscando el mar y, al final,
suicidándose gota a gota. Si el agua soñara, seguro que también alguna noche volvería
a brincar de roca en roca…
“¡Tempus
fugit, amor mío! Cuando vuelvas del pueblo, tenemos que echar un carpe diem”,
dije en voz alta antes de volver a dormirme.
miércoles, 2 de julio de 2014
Un crimen perfecto
Levantó la cabeza del ordenador y miró alrededor. Era el momento. No había nadie en la sala, y era probable que no quedara casi nadie en todo el edificio. Se levantó y caminó hacia los aseos. Nada sospechoso. Miró hacia atrás de nuevo cuando estaba en el pasillo que llevaba a los baños, y también al cuarto de la fotocopiadora. Se iban a enterar. Se detuvo antes de llegar a los aseos. Volvió a mirar alrededor: todo tranquilo. La oficina tenía un aire fantasmal, toda vacía y con toda esa luz fluorescente. Esos negreros se iban a enterar. Hora tras hora de trabajo, mal pagado y ni siquiera agradecido. Horarios imposibles, exigencias desatinadas, todo, todo se lo iban a pagar. Entró sigilosamente. Al lado de la máquina estaba el botín, en una caja de cartón. Sería fácil, y ni siquiera se enterarían. Cogió un taco de folios y sopesó la cantidad. Cogió otro poco más. Un golpe perfecto.
Con una sonrisa irreprimible en los labios, salió del cuarto con el botín del atraco bajo el brazo. Ya estaba llegando a su sitio cuando se abrió la puerta de la oficina. Era su jefe.
- Vaya, Fernández, sigue usted trabajando a estas horas.
- En efecto, jefe - dijo y se sentó, dejando los folios al lado del ordenador. - Ya me iba. Usted también está teniendo un día largo, por lo que veo.
- Sí, así es. Aunque yo también me iba. Es que me he dejado las llaves del coche.
- Vaya. Buenas noches. - concluyó, mientras cerraba frenéticamente aplicaciones de ofimática, el navegador de Internet, las herramientas de gestión y otras cosas igual de poco estimulantes.
- Buenas noches, Fernández.
En el coche, camino a casa, escuchó la Cabalgata de las Valquirias y Así Habló Zaratustra, porque era la música más triunfal que tenía en el iPod.
Al día siguiente fue despedido de su trabajo por robar material. Él ya había empezado a usar los folios (y empezó a usar el tiempo libre tras la pérdida del empleo) para escribir la novela que le haría famoso.
"Me encanta que los planes salgan bien" dijo, y se encendió un puro.
Con una sonrisa irreprimible en los labios, salió del cuarto con el botín del atraco bajo el brazo. Ya estaba llegando a su sitio cuando se abrió la puerta de la oficina. Era su jefe.
- Vaya, Fernández, sigue usted trabajando a estas horas.
- En efecto, jefe - dijo y se sentó, dejando los folios al lado del ordenador. - Ya me iba. Usted también está teniendo un día largo, por lo que veo.
- Sí, así es. Aunque yo también me iba. Es que me he dejado las llaves del coche.
- Vaya. Buenas noches. - concluyó, mientras cerraba frenéticamente aplicaciones de ofimática, el navegador de Internet, las herramientas de gestión y otras cosas igual de poco estimulantes.
- Buenas noches, Fernández.
En el coche, camino a casa, escuchó la Cabalgata de las Valquirias y Así Habló Zaratustra, porque era la música más triunfal que tenía en el iPod.
Al día siguiente fue despedido de su trabajo por robar material. Él ya había empezado a usar los folios (y empezó a usar el tiempo libre tras la pérdida del empleo) para escribir la novela que le haría famoso.
"Me encanta que los planes salgan bien" dijo, y se encendió un puro.
martes, 3 de junio de 2014
Mis diez mandamientos
1. No dejes que te convenzan de que la vida tiene otro propósito que ser feliz.
2. Frecuenta a las personas que te hacen sonreír.
3. No postergues innecesariamente, por pereza o dejadez, aquello que quieres hacer.
4. Disfruta de las personas que quieres hoy y no cuentes con que vayan a estar mañana.
5. Perdona rápidamente a quien merezca ser perdonado. Que no se te vaya la vida en perdonar.
6. Ejercita el humor todos los días.
7. Nunca dejes de estar atento a los pequeños detalles que embellecen tu vida diaria.
8. No hagas caso a quien dice que la resignación es una virtud.
9. No pienses que el mundo te debe nada. No pienses que debes nada al mundo. Sólo vive.
10. No esperes a que todas estas cosas te las enseñe por las malas la proximidad de la muerte.
2. Frecuenta a las personas que te hacen sonreír.
3. No postergues innecesariamente, por pereza o dejadez, aquello que quieres hacer.
4. Disfruta de las personas que quieres hoy y no cuentes con que vayan a estar mañana.
5. Perdona rápidamente a quien merezca ser perdonado. Que no se te vaya la vida en perdonar.
6. Ejercita el humor todos los días.
7. Nunca dejes de estar atento a los pequeños detalles que embellecen tu vida diaria.
8. No hagas caso a quien dice que la resignación es una virtud.
9. No pienses que el mundo te debe nada. No pienses que debes nada al mundo. Sólo vive.
10. No esperes a que todas estas cosas te las enseñe por las malas la proximidad de la muerte.
martes, 27 de mayo de 2014
Si las europeas fueran unas generales... gran coalición o a repetir
Parece ser inevitable que unas elecciones europeas se interpreten en clave estatal y se extrapolen sus resultados a unas hipotéticas elecciones generales en las que los mismos partidos obtengan los mismos porcentajes de voto. Seguramente no sea riguroso hacerlo, pero sin duda unas elecciones, sean del tipo que sean, son un indicador a tener en cuenta a la hora de interpretar las inclinaciones políticas de la ciudadanía, por lo que no me parece inútil el análisis.
Una primera corrección a los resultados europeos sería tener en cuenta las diferentes formas de repartir los escaños en unas elecciones europeas (circunscripción única en el estado español) y unas generales (circunscripción provincial). Como ya alguien se ha tomado la molestia de hacer los cálculos, remito al lector aquí y me ahorro hacerlos yo.
Mucho se ha hablado de que estas elecciones significan el fin del bipartidismo en el sistema político español. En efecto, tanto PP como PSOE han obtenido unos resultados bastante peores que en anteriores elecciones. La paradoja, sin embargo, es que si en las elecciones generales próximas la gente votara lo mismo que en estas europeas, el resultado sería, en mi opinión, un gobierno de PP y PSOE, la famosa gran coalición de la que ya se ha hablado bastante en los últimos días. O eso, o habría que repetir las elecciones, porque no creo que haya otra coalición posible.
Utilizo los cálculos de Milhaud que enlazo más arriba. El resto de esta entrada no es más que un copia-pega de un comentario que he dejado en la bitácora Mileurismo.
De los 350 diputados, PP y PSOE siguen acaparando una amplia mayoría: 244. Por lo tanto, las posibles coaliciones han de incorporar a uno u otro. Dejemos de momento de lado la posibilidad de la gran coalición, y centrémonos en qué podría hacer el PP sin el PSOE y viceversa. Si llegamos a la conclusión de que nada, sólo nos quedará la posibilidad de la gran coalición.
El PP sin el PSOE:
Es imposible que el PP pacte con: IU, Bildu, ERC, BNG, Compromís/Equo y Podemos (en total 68 escaños, más 106 del PSOE nos dan 174 escaños). Es decir, que para gobernar necesitaría todos los demás, los 176 restantes. Estoy siendo generoso suponiendo a estas alturas que el PP podría (cambiando mucho el PP, los convergentes, los jeltzales, o todos ellos) con CiU y PNV. Lo que ya es imposible es pensar que puedan gobernar con esos dos más VOX, UPyD y Ciudadanos. Agua y aceite no se mezclan. Por lo tanto el PP no puede gobernar sin el PSOE.
El PSOE sin el PP:
El PSOE no puede pactar en ningún caso con Podemos ni con VOX. El primero, porque el discurso contra los “partidos de la casta”, entre los que indudablemente están los socialistas, es demasiado fuerte, y el segundo porque puestos a gobernar con alguien VOX optaría por el PP. En total son 20 escaños, más los 138 del PP, 158. Tiene un margen de solo 6 escaños. Entre Ciudadanos y UPyD suman 14, y estos son como agua y aceite con los nacionalistas, que suman bastantes más. Por lo tanto, el PSOE no puede gobernar sin el PP.
Entonces, si nadie puede gobernar sin PP o PSOE, el PP no puede gobernar sin el PSOE y el PSOE no puede gobernar sin el PP… o gran coalición o se repiten las elecciones.
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